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Gabriel Encinar

Lomoviota

Ya no abren la prisión
hay huelga de carceleros.

En la penúltima celda
donde se pierden los años,
una gaviota ingenua
hace el amor a un palomo
y una rata polvorienta
copula con un chivato.

Son las seis de la mañana
todavía hay sangre fresca
en el anciano rincón
de la penúltima celda.

Hoy no suena la sirena
se habrán fundido los plomos
o quizás algún palomo
se ha enamorado d´ ella.

La sangre ya está reseca
y sólo queda el perfume,
el aroma inconfundible
de la muerte centenaria.

Hasta falta el sacerdote
para matar la paciencia.

Hoy no abren la prisión
hay huelga de carceleros;
y dicen que la sirena
sin palomo
ya no suena

Mis papeles

Mis papeles no saben
de honores y distinciones
de premios y galardones
ni son de grandes audiencias,
no entienden de patrias
de colores ni banderas
no saben ni tan siquiera
de las torpes concesiones
de las famas pasajeras.

Mis papeles no conocen
más que los sucios rincones
de mi estancia solitaria,
mis papeles sólo saben
de la lluvia en los cristales
de las tiernas despedidas
de besos en los portales
saben de angustias y penas
del cuchillo ensangrentado
del árbol del ahorcado
de las lágrimas ajenas.

Cientos, miles de papeles
papeles de amor, de ira
papeles de rebeldía
que al final son olvidados
en viejas estanterías.

Tantos y tantos papeles
crueles papeles de muerte
y tantas veces de vida.

Mis papeles no saben
de paraísos eternos
ni de cielos ni de infiernos
ni de seres trascendentes,
no entienden de púlpitos
ni de oradores malvados
que suben a los estrados
para prometer la gloria
a ilusos y desgraciados.

Mis papeles no conocen
más que el frío transparente
de una mesa de cristal,
mis papeles sólo saben
de heridas y cicatrices
las que se ven
en la cara
las que duelen
en el alma.

Cientos, miles de papeles
papeles de odio y rabia
papeles de rebeldía
que al final son olvidados
en viejas estanterías.

Tantos y tantos papeles
crueles papeles de muerte
y tantas de vida.

Mis papeles no saben
de honores y distinciones
ni son de grandes audiencias
no entienden de patrias ni banderas
ni de famas pasajeras,
no saben de paraísos eternos
ni de seres trascendentes
ni de oradores malvados
engañando a desgraciados.

Saben de beso y ternura
de angustias y penas
saben de las lágrimas ajenas
saben de miedo y tortura
de heridas y cicatrices
las que se ven
en la cara
las que duelen
en el alma.

Mis papeles no conocen
más que los sucios rincones
de mi estancia solitaria,
más que el frío transparente
de una mesa de cristal,
en fin
no conocen
más que las cuatro paredes
de la morada que habito.

Tantos y tantos papeles
crueles papeles de muerte
y tantas veces de vida.

Espero que no te duela
Aunque tu nombre aparezca
en la penúltima esquela
me enteraré de tu muerte
por el chasquido del aire
al apagar una vela.

Y supongo,
por el olor del invierno
a polvo recién sacudido
dicen que los muertos dejan
un aroma como a olvido.

No temas - por cierto -
que me traicione el desconsuelo
y vierta mi pena en llanto,
las lágrimas fueron en vida
y si canto
será mi señal de duelo.

Aunque tu nombre aparezca
en la penúltima esquela
no asistiré a tu entierro
espero que no te duela
A Montserrat Jaudenes
La tierna sonrisa de labios abiertos
gesto tímido de una alegría,
veo en tí la transparencia
de la sinceridad más plena.

Saludarte se me antoja
algo así como un abrazo
entre la humildad más pura
y la eterna confianza.

Sin conocer tus secretos
ni tus impulsos del alma
tu imagen es el reflejo
de lo que sientes por dentro.

Adivino en tu presencia
la delicada calma
que provoca ese encanto
de tu imagen misteriosa.

Mas no alcanzo a desvelar
el secreto que te envuelve,
ese claro-oscuro de luna
con unas gotas de sal.

Para Montse (25 de Enero de 1986)
Mire usted por donde señor conde
Pagaréis caro el atrevimiento
díjome airado el vizconde
habiendo sido -mire usted por donde-
mi delito un movimiento,
una traviesa mirada
al escote de su amada.

Gustándome tal hazaña
diome -mire usted por donde-
por sumergirme en su falda
con mal tino y peor maña
mas para goce de la dama
-que, por cierto, iba sin braga-
repetí un par de veces
para agravio del vizconde
y placer -mire usted por donde-
de la que duerme en su cama.

Y hete aquí que esta osadía
o vulgar atrevimiento
pudo costarme la vida
mas qué cosas -mire usted por donde-
a su esposa la hice mía,
y a usted un simple conde
que se quedó sin esposa
por ser ésta -mire usted por donde-
muy osada y más viciosa.

Y me explico señor conde:
pasada la medianoche
mientras su alteza dormía
este caballero -mire usted por donde-
con su dama se lo hacía
en su propia alcoba -señoría-
es decir, en sus narices
y la condesa gemía
gemía su señoría
mas -mire usted por donde-
su sordera confundía
supongo yo señor conde
con la muerte de vuecencia
a lo que ella gritó
-se lo juro- con vehemencia:
"se murió Don Blas el vizconde
gocemos pues excelencia".

Siendo tratado de alteza
por tan distinguida dama
preso quedé -mire usted por donde-
de su querida condesa,
asi que sin más me despido
y queda usted advertido
no peque de atrevimiento
a la que es mi doncella
ni una mirada al escote
que aunque es puta y plebeya
es por ende una señora
y -mire usted por donde-
las señoras se respetan
¿o lo duda señor conde?
Qué dirán de nosotros
Qué dirán de nosotros
los que se han dejado la piel
en los troncos de los árboles,
la sangre por caminos y atajos,
el sudor en las piedras.

Qué pensarán de nosotros
los que gritaron entre rejas
por cantar al viento
los de anchas cicatrices
de mirada extraviada.

Tal vez no digan nada
a alguno le falta la lengua
a otros las palabras
y hasta puede que las ganas;
acaso no piensen nada
a veces hay en la mente
heridas y cicatrices
más profundas que en la cara.
El funeral
Enfundado en traje blanco, bien planchado y afeitado, es introducido en la caja rectangular acristalada. Miles de muertos son hoy enterrados en todo el territorio nacional. Miles de cajas de cristal han sido construidas, sirviendo de féretros frágiles pero "transparentes".
Las autoridades, lejos de impacientarse o asustarse, se muestran satisfechos: el número de supervivientes es pequeño.
Los culpables del desastre, que han ocasionado millones de víctimas, han sido los propietarios del poder. Han colocado las señales al revés: en curvas a la izquierda ha puesto la flecha hacia la derecha, han eliminado las señales fluorescentes nocturnas, en cambios de rasante han permitido el adelantamiento, en ciudad han eliminado los semáforos, los ceda el paso y los stops. Alguno que otro ha caído en pasos de cebra que previamente han sido borrados.
Más de uno ha sido obligado a participar en la celebración de tal fasto, así catalogado por la "autoridad competente". La negativa a tal participación puede acarrear graves consecuencias. No sirve alegar falta de interés por los funerales, alergia a los muertos, ateísmo o cuestiones similares. Eso sí, los sepultureros reciben una remuneración económica, creyendo que con ello van a contentar a todos ellos.
La comitiva principal del funeral está compuesta por chupópteros, sanguinarios, estafadores, falsos salvadores, patriotas, imitadores, usurpadores, narcotraficantes, burladores, toreros y otros especímenes.
La catástrofe se repite cada cuatro años, y pese a la cantidad de muertos, los ciudadanos no escarmientan; acaso les gusta salir en la prensa y agotar páginas repletas de esquelas.
El acontecimiento es de tal magnitud que hasta existen empresas dedicadas a estudiar cual será el número de muertos y los motivos de las mismas. Una de las causas es la borrachera que se pilla gran cantidad de gente y que les impide distinguir la panceta de las veletas eclesiásticas más burdas. Otra de las causas conocidas es la facilidad con que los "agentes de tráfico" dirigen a los buenos y profesionales conductores. Sin olvidar el miedo al naufragio, tantas veces advertido por el Capitán Garfio y sus secuaces.
En definitiva, es uno de los grandes actos multitudinarios que suscita gran difusión en medios de comunicación. Es un funeral institucionalizado, que manda carallo. Es, sin embargo, uno de los pocos entierros en los que el muerto puede hablar posteriormente, criticar y hasta enfadarse por haberse equivocado de funeral; sin darse cuenta de que todos los funerales son iguales. Bueno, puede cambiar el enterrador y el asesino, pero no deja de ser un enterrador y un asesino. Pero que se consuelen, ¡ Qué bonito el féretro acristalado, transparente y hasta con una ranura para respirar!, Ah, y que forma de ahorrar: entran en una caja cientos de muertos; es una fosa común, pero más sofisticada: se mata el pensamiento pero no a la gente, y es que, qué mejor que tener manos para trabajar y mentes para enterrar.
Los muertos (canción)
Vienen los muertos de siempre
a negociar con el sol
otra jornada de sombra
para cambiar posición
vienen hinchados y rojos
vienen borrachos de alcohol
a reclamar sus antojos
otros vienen cojos
o muertos de amor.

Vienen los muertos de hambre
vienen los muertos de sed
o a veces son esos
que quieren los besos
de algún otro ser.

Vienen suicidas heridos
a repetir ocasión
o moribundos furtivos
sin oración y sin Dios
vienen tan solo esqueletos
transidos de soledad
vienen nerviosos e inquietos
vienen repletos de eternidad
vienen los muertos de pena
los muertos más de una vez.

Vienen desaparecidos
desde la fosa común
vienen vencidos de olvido
la rabia en el corazón
un corazón vengativo
y dos mil latidos
de desolación
Dicen
Dicen que los ángeles verdes
habitan en la pradera
yo lo que veo son cruces
casi todas de madera
Alegría herida
Cuando la sangre del río
tiña de rojo la orilla
cuando una gota de rocío
acaricie tu mejilla
y la estrella más lejana
sea la que más brilla,
tu corazón desbocado
llorará de alegría
sangrando lágrimas rojas
Mis lágrimas
De mis tristezas no hablo
por no contaros mi vida.

Con mis heridas camino
y a veces hasta sonrío.

Mas mis lágrimas no entienden
de soledad o de hastío
unas las vierte el silencio
y las otras el destino
Si te da por regresar
Y si te da por regresar
sólo encontrarás los despojos del deshielo
los restos de tu encanto
desangrados
la silueta de tu perfume
diluida.

Si te da por regresar
hallarás el rencor en la nevera
entero
fresco
presto a hundirse en tus venas.

Hallarás el odio en la alacena
en el estante de los desmanes
donde reposa la venganza
la ira más perversa
al fondo
con el frasco de los escorpiones y alacranes
El misterio de tu falda
Repetiré mil veces los versos
que antaño supieron amargos
si con ello consigo el regreso
de tus manos en mi espalda.

Cantaré tus canciones preferidas
borraré los sueños que te espantan
si tus cicatrices escocidas
me devuelven al fin la calma.

Mas,
no suplicaré perdón
ni acaso me indulte juez alguno
cuando viole con brutal alevosía
el sediento misterio de tu falda
Me quedaré sin voz un día de estos (al compañero libertario Daniel Viglietti)
Me quedaré sin voz un día de estos
por gritar siempre lo mismo
y al fin perderé el aliento
harto de tanto cinismo
de tanto civismo encubierto.

Vendrán como siempre a convencerme
los humanos más complacientes
con el tedio y la desgana.

Pero me mantendré firme (Daniel)
no diré ni una palabra
la callada por respuesta
suele amansar a las cabras
y a las ratas polvorientas.

Repartiré ramos de flores
azucenas, rosas y claveles
para mostrarles desprecio
a los que firman papeles
en peligrosos trapecios.

Y cuando les toque el corazón
se morirán del infarto
si no al tercero, al cuarto
y me daréis la razón:
perder la voz y el aliento
acarrea descontento
en los humanos más insolentes y crueles
que no soportan claveles
como un regalo preciado.

Me quedaré sin voz
un día de estos
para entonces escribiré
en papeles insurgentes
las palabras más urgentes
para acabar con los sordos e insolentes
amantes del tedio y la desgana
Ellos (al compañero libertario Daniel Viglietti)
Un despiste cotidiano
acabó con el tren de los sueños
ahora son ellos los dueños
del futuro más incierto.

Ellos son los que convierten
la carne en plata
si es buena y es barata
son mayores los ingresos.

Ellos son las fieras del circo
y nosotros los payasos
ellos venden los abrazos
para comprar nuestras penas.

A cada uno lo suyo
nosotros somos los toros
por un puñado de oro;
ellos leones feroces
que malvenden el destino
acallando nuestras voces
El insensato, el confidente y el traficante (al compañero libertario Daniel Viglietti)
Tengo la mala costumbre
de perdonar al insensato
la manía de encubrir al confidente
la desgracia de tratar con traficantes.

El insensato te paga con veneno
el confidente te delata por dinero
y el traficante -sin escrúpulos-
te vende en el mercado del deseo.

No quiero ni pretendo
mutilar al insensato
¿qué sería del cinismo
sin humano tan ingrato?
ni es mi intención anular
al oscuro confidente
¿qué sería del chivato
sin oficio tan decente?
ni siquiera es mi labor
desterrar al traficante
matar así la codicia
sólo es cosa de farsantes.

Así pues
delego en los seres más sensatos
en los que guardan secretos
y en los no traficantes
para que dicten decretos
leyes y otros relatos
que sentencien a muerte
a estos seres repugnantes.

Perdonad la ironía
delegar en los sensatos
es admitir la existencia
de la paz y la armonía,
en los que guardan secretos
dar razón a los beatos
de que existe otra vida
y en los no traficantes
reconocer la osadía
de los torpes comediantes.

Sacad pues razón al paso
que aquí os habla un insensato
cuando me pagan delato
y aun a veces trafico
con el corazón acaso
en el amor no hay delito
o me matas o te mato
Música
Antes
quería hacer música
hoy me basta con oirla
escucharla, con sentirla,
consentirla algunas veces
y otras veces rechazarla
Verso libre
El suicidio de un verso
en tinta roja
el ahogo en papel negro
de la frase más hermosa
el naufragio de la última palabra
el revés de este poema
en tinta negra.

La metáfora herida
por la punta de mi pluma
equivocándola en la rima
una hipérbole enterrada en su guarida
el inicio en asonante
quemado por una vela
con final en consonante.

Un soneto mal medido
se asfixia en pergamino
en tanto "la casida de la rosa"
se muere por espinosa.

En el charco de mi espejo
se refleja un verso libre
acaso cojo y desvalido
recio
terco
impropio del XIX
Me temo que no hay futuro
Me temo que no hay futuro
me lo dijo anoche un preso
que quería ser verdugo
Ojos muertos
Despilfarro el aire
bocanadas de humo lento
sobre mi espejo tu boca
sobre tu boca mi aliento.

Se perfila la muerte en la pared
tu pelo brilla tras el desaire
de un viento apenas leve.

La calma se agiganta en la estancia
todo se perfuma de silencio,
yo apenas agito las manos y tú
apenas olvidas mis ojos
ya muertos
Con perdón
Deseo más de lo que creo
pienso más de lo que digo
por eso a veces maldigo
a los que dicen que creen
en algo eterno y divino
Declaración de principios
Me permito recordaros
que no vendo
lo que tengo.

El instinto que me empuja
a creer que aun compensa
pelear por lo imposible.

El deseo de seguir
apoyando a los que intentan
evitar lo inevitable.

El placer de sonreir
ante la absurda manía
de atar el pensamiento.

Me permito recordaros
que no vendo
lo que tengo.

La alegría de saber
que en el vuelo del humano
las dos alas van por dentro.

El sueño que me invita
a palpar lo indescriptible
a alcanzar lo inabarcable.

El silencio de esas tardes
en que descubro el misterio
que encierra el Universo.

La locura de saltar
al abismo del olvido
aunque sea antes de tiempo.

El empeño por lograr
que los todopoderosos
se derritan con el sol.

Ni siquiera una canción
ni siquiera sus palabras
ni la voz para cantarla.

Aunque prometais la gloria
os advierto mercaderes
que no vendo lo que tengo
La palabra
Qué pasión de letra hablada
la palabra con la voz
ésta siempre enamorada
aquella como un reloj,
siempre marcando jornadas
llenitas de luna y sol.

La palabra
cuantas veces ensartada por mi espada
para echársela a la cara
a los locos de este tiempo
que prefieren una bala
para instaurar el silencio.

La palabra
para espantar la violencia
el odio que con frecuencia
malgasta tantos aviones
en enterrar corazones
cual juez que impone sentencia,
prudencia palabra
prudencia,
acaso el siglo que viene
serás el bien deseado
el más querido y amado
acaso con tu presencia
muera de miedo el que tiene
la soberbia de ir armado
para implantar su criterio.

Y si al fin voy a tu entierro
que te quemen en papel
de nada valdría tenerte
sepultada en cementerio,
de poco sirve tu muerte
si nos venden a granel
tus cenizas ya inertes
a las puertas de un burdel
Las obleas alucinógenas
En un remoto paraje
con remotos habitantes
inhóspito y algo salvaje
sin apenas visitantes
se tenía la manía
de comulgar cada día
con hostias alucinantes.

Algunos tenían visiones
confundían las hurracas
con los veloces aviones
y otros tenían resaca
como si hubieran bebido
doce botellas de vino
en otras tantas petacas.

Nadie quería en la aldea
comulgar en otro sitio
con insípidas obleas
que apenas tenían prestigio.

Llegó un día un Cardenal
hasta el remoto lugar
con el fin de comprobar
si aquel efecto fatal
era debido al demonio
o a cosas del estramonio
que podía ser mortal.

Y comulgó el Cardenal
cumpliendo así el sacramento
de manera ritual
pero pasado el momento
una imagen femenina
pura, virgen, casta y fina
le levantó el instrumento:
"yo no me voy de la aldea
a comulgar a otro sitio
con insípidas obleas
bendito y santo prodigio".

Y en los medios eclesiásticos
se supo pronto el suceso
tenemos que ser muy drásticos
dijo el Papa en un congreso
no hay otra solución
que la santa excomunión
para cortar el proceso.

En la remota aldea
con remotos habitantes
se celebró una asamblea
que duró unos instantes:
"se mantiene la manía
de comulgar cada día
con hostias alucinates"
Breves
I

Os tiraré a la cara la risa
ya que os duele la alegría

II

Me vengaré de la nostalgia
cuando sepulte el recuerdo

III

La noche
larga cuando duele el alma
tan corta
cuando el corazón se embriaga.

La noche
inmensa cuando la luna llora
fugaz
cuando la estrella muere

IV

Soy inocente
he matado el tiempo
por pasar el rato

V

Tengo
tus labios marcados
en mi frente,
yo dejaré mi huella
-semilla acaso-
en tu vientre
El tiempo
" Las agujas del reloj
son las aspas del molino
donde se muele el silencio "


En la esfera del reloj
se retuerce el tiempo,
los segundos se pelean
por llegar a ser minutos
y los minutos ya saben
que morirán con la hora.

En la esfera del reloj
se retuerce el tiempo,
los segundos son apenas
el instante de un minuto
y el minuto
el recuerdo de una hora
El mar
Me gusta mirar el mar
para perderme
hundirme en el sosiego
y naufragar,
los ojos en horizonte
quietos
rojos de ocaso
teñidos de sal.

Me gusta oir el mar
el martilleo
de la ola en roca
la caricia
de la ola en playa
y el navegar
de la gaviota blanca
cuando se posa
Supongo
Supongo que la torpeza
de intentar ser uno mismo
es a la postre el intento
el amago de encontrarse.

Me despisté hace tiempo
perdí el rumbo
el de gaviota lúcida
el de mariposa dulce
el de araña emprendedora
el de hormiga
recorriendo los rincones
en busca de buenos tiempos.

Supongo que la tristeza
no es tan solo inevitable
cuando te clavan la flecha,
es necesaria la pena
para morder la alegría
y olvidar el desengaño
que provoca la ausencia.

Hace años
fui tan solo intermitente
como esa luz de farola
que se apaga y
vuelve;
hoy soy continuo descenso
río abajo
en pos de un destino cierto
e irremediable.

El rostro
esculpido en pino verde
con los ojos enquistados
sanguinolentos,
la boca seca
fría
y el resto del cuerpo
contraído,
tenso
pudriendose por dentro
Desahogo
Belleza
sombra de la maléfica hermosura.

Nostalgia
de la sonrisa perfumada
por labios embriagados de alegría.

Pena
encadenada en lágrimas desorbitadas
Letrilla satírica I
El entierro fue de un muerto
que acababa de estar vivo
este es un hecho cierto
que por nadie es discutido.

Las flores de las coronas
venían siendo de plástico
la caja era de goma
que es material muy elástico.

El muerto era un literato
en realidad un poeta
un rata de biblioteca
y para colmo un beato.

No pesaba el ataúd
pesaba más el poeta
llevaba en el centro una cruz
una cruz con un atleta.

Si al entierro asistí
fue por pura coincidencia
yo pasaba por allí
y cometí una imprudencia.

Sólo se me ocurre a mi
llevar la caja hasta el nicho
tanto pesaba el mal bicho
que pronto me arrepentí.

Intenté soltar la caja
provocar un accidente
al menos podría la gente
ver en vivo la mortaja,
estaría bien la broma
el poeta por los suelos
en pleno día de duelo
y el féretro de goma
ascendiendo hasta los cielos.

Cuatro hombres con el muerto
y el séquito detrás
anda el muerto más despierto
que el curita del lugar.

Tremenda fue la sorpresa
cuando la caja se abrió
en el suelo rebotó
una hembra toda tiesa.

Pues menudo despropósito
el muerto no era el poeta
ya le vale al del depósito
no distingue un par de tetas.

Y deciros a propósito
de este entierro singular
que la dama fallecida
en lugar de una vagina
en la entrepierna tenía
un pene descomunal;
comprenderéis que al final
nadie en el fondo quería
perderse aquel funeral
Letrilla satírica II
El tabaco es muy nocivo
sobre todo p´al pulmón
aunque es también efectivo
p´a morir del corazón.

Eso dicen los entendidos
sobre todo gobernantes
es decir los más bandidos
o sea los más mangantes.

Con esta puta campaña
en contra de fumadores
más de uno aún se amaña
fumando en los ascensores.

Yo padezco de ansiedad
lo siento mucho señores
lo mío es enfermedad
y tengo buenas razones
p´a no dejar de fumar;
mucho hablan del tabaco
también hay mucho cantante
al que le huele el sobaco
por no usar desodorante.

El tabaco es una droga
muy malo tomar el sol
haber cuando alguien aboga
por suprimir el alcohol.

Los que mandan fuman puros
en las grandes recepciones
se conoce que este humo
no ataca los pulmones.

Dicen que el tabaco mata
y que la guerra ennoblece
yo digo que ésta enloquece
envilece y te remata.

Los generales medallas
por matar al enemigo
los fumadores canallas
por quemar algún abrigo.

Yo padezco de ansiedad
y fumar me tranquiliza
también calma la ansiedad
una semana en Ibiza;
es así que voy fumando
de la Ceca p´a la Meca
volverá el contrabando
como cuando la ley seca.

Que coñazo de campaña
la que hay contra el tabaco
el problema de esta España
es que no hay puto trabajo
Letrilla satírica III
Por atrevida y melosa
le llamaban la sirenita de miel
pequeñita pero hermosa
y un tatuaje en la piel.

El tatua era una rosa
la tenía en la entrepierna
la tenía entre su cosa
y la zona de la izquierda.

Trabajaba en un burdel
de esos de carretera
tenía la piel de pantera
la sirenita de miel.

Su nombre de guerra Piluca
cobraba bien y al contado
el pelo al cero, rapado
y para el chollo peluca.

De Colombia traficantes
niños pijos, estudiantes
cojos, tuertos y macarras
eran muchos sus amantes.

Ella era venezolana
con acento de Caracas
bailaba por las mañanas
al compás de las maracas.

Fornicaba a destajo
día y noche sin parar
no le faltaba trabajo
no paraba de cobrar.

Se retiró con cuarenta
millones en la cartera
ahora un negocio regenta
muy cerca de la frontera.

Trapichea con la coca
la maría y el alcohol
todo aquello que coloca
lo tiene bajo control.

Aún a veces se acuesta
con un cliente especial
más bien en día de fiesta
o sino en carnaval.

El caso es que la Piluca
fue una puta destacada
lista, zorra la muy cuca
ramera muy respetada.

En pleno acto carnal
estiró la pata un buen día
la muerte no estuvo mal
a mi ya me gustaría.

El entierro fue vulgar
una caja y dos coronas
había pocas personas
y ninguna del lugar.

Lo mejor el epitafio
escrito sobre su tumba: 
"Jode mucho y despacio
p´a que el pánico no cunda"
Jamás podría olvidarte
Hoy estoy seco y vencido
harto tal vez de mi mismo.

El vértigo
el abismo de un corazón roto
los pedazos rodando inertes por el suelo,
la calumnia de decir que te quiero
sin apenas meditar el irreparable daño.

Qué hacer
cuando se termina el abrazo más largo
cuando ya los labios saben amargos
y no encuentras a quien recurrir,
qué hacer
cuando reír es un engaño
y con el paso de los años
la vida se tiñe de gris.

El corazón es el músculo que más duele
aunque haya quien lo niegue
por no darme la razón.

No me esperes
no entretengas la condena
hoy no corre por mis venas
ni una gota de esa sangre
que derramé en tu cuerpo.

Hoy soy tan solo un despojo
el resto quieto e inerte
que no puede - aunque desee -
estrecharte con sus brazos,
por si te sirve de algo
te diré que aún queriendo
jamás podría olvidarte
Elecciones
Ya vienen los más ociosos
parásitos del planeta
a pedir la papeleta
para ser los poderosos
Veneno
Un simple trago de veneno
bastó para endulzar tu beso
si mañana no estoy muerto
no vayáis al cementerio
ni tiréis vuestro dinero
en falsas quejas de prensa.

Y menos aún  se os ocurra
mandarme unos crisantemos
las flores
de invernadero
a poder ser en enero
yo cumplo todos lo años
las edades en Noviembre
mas las flores las prefiero
en fríos meses de invierno.

Y os recuerdo que si muero
por el dulzor de sus besos
para morir recomiendo
veneno, sólo veneno
a poder ser del infierno
Días de invierno
La tos del invierno
la lluvia
el viento.

Los paraguas empapados
el tráfico
violento
las mismas caras de siempre
se cruzan en silencio.

Los charcos hablan a solas
las miradas se reflejan
en las vidrieras,
las pisadas anegadas
se pierden
en continuas huellas transparentes.

El tiempo transcurre
húmedo
sórdido
y en la prensa
las esquelas
los sucesos
pasatiempos
en fin
el aburrimiento
Apenas aire
El débil beso de tus párpados
hirió la mejilla de mi boca,
¡ qué atroz el desencuentro
del deseo con la nada!
Apenas aire
entre mi cuerpo y la almohada
A María José Ameixeiras
Con la mirada puesta en el amanecer, se dispuso a devorar los primeros rayos de sol. Todo era quietud, el silencio transmitía serenidad. Las hojas de los árboles se desplomaban lentas y cadenciosas como si el viento fuera su único aliento. Se vistió, se lavó la cara y salió a la calle. En el trayecto apenas dos personas deambulaban, movidos por la prisa, calle abajo. Tomó el primer autobús y se apeó en el faro. Desde allí podía contemplar la hermosa luz recién nacida. A los diez minutos llegó ella, sofocada por una caminata que apuntaba puntualidad. Se saludaron cordialmente con un largo beso en los labios. Y de pronto, como si el tiempo apremiara, se desnudaron ansiosos y comenzaron a hacer el amor como dos animales en celo. Para ellos saciar su deseo era lo primero, después vendría un momento de respiro y la larga conversación matinal de todos los días. Ella harta de su marido, él cansado y aburrido por una soledad cada día más difícil de llevar.

Hacía dos años, se habían conocido en una velada musical en un local nocturno cerca de la playa. Aquella noche, tras el concierto, se entregaron al amor como dos principiantes, para terminar con un baño en la ensenada. Desnudos repitieron el acto de amor bajo el agua y abrazados consumieron las horas hasta el amanecer.
Desde aquel día prometieron verse cada mañana en el faro para amarse y conversar.

Clara había asumido su papel de amante sin dar pie al arrepentimiento y Juan, el "chato", que así le llamaban tras romperse la nariz contra un poste en sus tiempos de infancia, aceptaba gustoso a su amada. Los unía un deseo común, la necesidad de sentirse mutuamente atraídos por sus cuerpos y la misma sensación de vacío. Y sobre todo coincidían en la amarga visión de una vida cargada de frustraciones que inducía sin duda al desespero, al desencanto. Sin embargo, juntos se hacían fuertes y podían combatir los sinsabores más amargos y compartir los momentos más hermosos que, al menos las mañanas, solían deparar.

Juan renegaba constantemente de su pasado. Su padre, un guardia civil retirado, le había enseñado fundamentalmente dos cosas: orden y disciplina. Su madre, una monja arrepentida, una tan solo: la  fe. De ahí que el "chato" fuera desordenado e indisciplinado en todo o casi todo y un escéptico consumado.
Clara por el contrario guardaba un buen recuerdo de sus primeros años. Sus padres le habían enseñado a ser ante todo práctica y si acaso, a disfrutar de los pocos placeres que la vida te pueda dar. Ella había sido una niña sin complejos, con sus cinco sentidos puestos al servicio del disfrute y el deleite de las cosas más insignificantes y hermosas de su existencia. Pero había cometido el error de casarse. Y lo que es peor, de contraer matrimonio con un hombre preocupado tan solo por llevar una vida desahogada en lo económico y vacía en lo sentimental, lo que sin duda trastocaba los planes de Clara, más partidaria del amor descarnado, en fin, más mortal.

Esa mañana en el faro iba a ser la última. El azar es así de caprichoso y a la vez irreparable. Quiso que Clara perdiera el norte y por tanto su cordura. Su locura la llevó de psiquiátrico en psiquiátrico hasta dar en un frenopático regentado por una antigua familia de médicos especialistas en trastornos mentales de afamado prestigio.

Juan, cada mañana, acudía a su cita en el faro pero Clara nunca aparecía. Y tras varios días de espera le dio por cortar todas las flores que rodeaban el hermoso faro. Hizo varios ramos y fue llenando su casa con todos los aromas que uno pueda imaginar, pero todos olían a Clara. Él no se rendía y seguía yendo al faro, todas y cada una de las mañanas, y tras perderse largo tiempo en miradas al mar, cortaba las flores que seguían oliendo a Clara.
Pensó que ella había sido raptada por algún mago encantador haciéndola desaparecer para siempre. O quién sabe, tal vez la había convertido en flor con distintos colores y fragancias, haciéndola reina del jardín del faro.

Lo cierto es que Juan decidió una mañana poner un puesto de flores en la calle más transitada de la ciudad, y vender Claras; pues desde ese día así se llamaban todas las flores que cortaba en el faro y después vendía en el puesto.

Así pasó Juan de llamarse el "chato" a ser Juanito el de las "Claras".


Querida María José, será que te quiero mucho pero mucho. Y jamás me olvido de tí. Sé que los tiempos son revueltos pero ojalá sigas siendo mi flor preferida: María José (esto es, "Clara"), la flor preferida de mi jardín. Sigue llenando mi vida con tu alma azul y tu olor a flor "María José Clara".

                                                                                         De este Gabi que te quiere y siempre te querrá


María José Ameixeiras Marra fue mi psiquiatra durante 22 años (D.E.P.)